Hace pocos minutos se ha confirmado la
dimisión de primer ministro italiano Romano Prodi. He podido seguir la intensa tarde política por medio del
Corriere della Sera y la verdad es que tras la tarde de
escupitajos, desmayos, descalificaciones y amenzas vivida en el Senado del país transalpino, la dimisión se venía oliendo. La trifulca ha estado protagonizada entre la propia oposición de centro-derecha en su lucha por derrocar a Prodi, con alabanzas entre los senadores del estilo de 'puta' o 'pedazo de mierda'. Finalmente lo han conseguido, el Senado no ha sacado adelante la moción de confianza sobre
Romano Prodi.
Las opciones restantes son un gobierno provisional hasta las elecciones o bien convocar ahora votaciones.
¿Las razones? Bajo mi punto de vista una no muy buena gestión del Gobierno (sobretodo en el aspecto económico, no olvidemos que a los italianos les duele ver datos como que su economía se sitúa siete puntos por debajo de la española) y una oposición destructiva -con
Berlusconi al frente-, que, no nos olvidemos tampoco, aún posee la mayoría de medios de comunicación italianos (más de tres canales en abierto y toda una plataforma digital).
Veremos cuantos años de castigo otorga el pueblo italiano al partido del olivo en la oposición.